Los que negocian tu sangre para lucrarse

¿Cuándo fue la última vez que donaste sangre? El elemento de la sangre resulta tan valioso que a duras penas se nos ocurre donarla de manera voluntaria y/o frecuentemente. A los menos valientes, realmente les causa impresión la poderosa aguja, anclada dentro de aquella preciada vena en el brazo, que extrae poco a poco, ese líquido tan generoso para todos y todas.

Ben Bowman, de 33 años y con una maestría de la Universidad de Minesota, probablemente está en su oficina de Minneapolis pensando en cómo se desperdicia tanto la sangre y cómo puede ser tan ineficiente el mercado-con 1.3 millones de pintas que se echan a perder todos los años en Estados Unidos-, y “todo por un sistema de distribución arcaico”, argumenta Bowman, quien prefiere cambiar las cosas, a decir como muchos: “porque así se ha hecho siempre”.

Se refiere a una cadena de suministro que no ha cambiado en siete décadas, un sistema que su empresa, General Blood está tratando asombrosamente de cambiar.  En vez de depender del recogido de los donantes locales y luego venderle a hospitales a una distancia en carro, ¿por qué no comprarla más barata de la vasta sección central de América y distribuirla por la noche a hospitales en cualquier lado, bajándole los precios a rivales como la Cruz Roja Americana?

Es duro cambiar el modo antiguo de hacer las cosas -especialmente en un mercado donde el jugador más grande, la Cruz Roja Americana, controla el 44% de los suministros de sangre, y tiene la habilidad de distribuirla nacionalmente, dependiendo de las necesidades particulares del lugar.

Sergei Yudin

Usar la sangre de una persona para curar a otra es algo que ha existido desde hace siglos. Pero el primer centro de red de recogido se originó en el 1930, luego de que el cirujano ruso Sergei Yudin resucitara a un joven que se cortó las venas, al injectarle 420cc de sangre al cadáver.

No fue hasta la Segunda Guerra Mundial, que se impulsó la demanda por la sangre, que se levantó una red de distribuidores regionales en Estados Unidos, la cual está vigente hoy en día. El sistema conlleva todo tipo de desequilibrio. Una pinta de sangre puede costar en un hospital de Wisconsin $210, pero en New Jersey, unos $265.

Bowman puede ofrecer pintas a un precio promedio de $229. Ha sido contratado por centros de donación a lo largo de todo el corredor Interestatal, desde Laredo, Texas a Duluth, Minesota, para empacar sangre por FedEx a los hospitales que tienen acuerdos con General Blood. Bowman y su cofundador David Mitchell de 30 años, garantizan la entrega de todos los tipos  (O+, AB and B–)  que los hospitales prefieren para las poblaciones locales; los tipos de sangre pueden variar algo por etnia.

Su experiencia en la administración de la cadena de suministro enseñó a Bowman a rendir más eficientemente la distribución de sangre. Trabajó antes de graduarse en la compañía de su padre. Mitchell, un amigo de la Escuela de Negocios era consejero financiero para Wells Fargo.

Los hospitales no están diseñados para comprar eficientemente, el primer obstáculo es el director del laboratorio del hospital quien está reacio al cambio. La mayoría nunca ha escuchado de General Blood y algunos se impresionan con su certificación de corredor de sangre, dice Mitchell.

Aunque pases las puertas del guardia de seguridad del laboratorio, necesitarás una audiencia con el CFO o quien sea que esté en cargo de ordenar. Mitchell y Bowman se presentaron en un hospital de Boston el año pasado esperando a firmar un contrato sólo para ser interrogados por diez o más médicos y administradores -que no tenían intención de hacer negocios con General Blood-.

La compañía  sólo tiene dos contratos de venta : con un sistema de dos hospitales en Charleston, Virginia y una sola institución en Oakland, California. Todavía no son rentables , General Blood el año pasado recaudó 18 % en ingresos de $ 500,000.  Gracias a la aprobación de vender sangre en Nueva York y Nueva Jersey, Bowman espera que el flujo de caja sea positivo.

Por años los hospitales y centros de sangre han operado en el supuesto de la escasez de sangre , dando lugar a cancelaciones periódicas de cirugías electivas. La recesión provocó una caída en este tipo de procedimientos y un excedente en la oferta. Los críticos dicen que esto dio paso a General Blood, que toma el exceso de pintas y las distribuye a donde se necesitan. Pero cuando la economía finalmente se recupere y más personas tengan sus operaciones , habrá menos necesidad de un intermediario.

Mitchel y Bowman  señalan las fugas en el servicio de registro de la Cruz Roja Americana. Desde 2003, la FDA la ha multado por 46 millones dólares por no cumplir con las leyes de seguridad de la sangre, incluyendo el mal manejo de ciertos productos de la sangre y por la violación en cuanto a prácticas de fabricación.

A su vez, también tienen en cuenta los residuos del sistema actual. Los datos del gobierno indican que el 5 % y el 14 % de las pintas donadas se desechan cada año.  Botines como los glóbulos rojos -con una vida útil de 42 días  y las  plaquetas de 5 días – se desperdician en los hospitales .

Ambos tienen el ambicioso plan de ofrecer el primer intercambio en línea de sangre. Los centros de recogido y los hospitales podrían  reunirse para llegar a un acuerdo sobre los tipos y cantidades de pintas. El mercado abierto determinaría los precios de sangre más deseable como O- (que es compatible con todos los tipos de sangre ), en comparación con AB+ , que puede ser transfundida sólo a personas de ese tipo de sangre.

 Tal vez si hubiese un mecanismo de crear sangre artificial no le dolería a uno donar sangre, y menos le dolería que otros se lucrasen de la propia. Pero mientras, es mejor donar sangre que necesitarla. Así que, aunque sepa o no sepa cuál tipo de sangre posee usted, tenga en cuenta que otra persona podrá salvarse gracias a la suya.

Carlyle, E. (27 de junio de 2012). The Guys Who Trade Your Blood For Profit. Recuperado el 1ro de mayo de 2015 de http://www.forbes.com/sites/erincarlyle/2012/06/27/blood-money-the-guys-who-trade-your-blood-for-profit/

Por Elaine Tornés 
Elaine Tornés

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