Academia Puertorriqueña de la Lengua Española, una misión incomprendida

Por Mariela Fullana Acosta

El director del ente, José Luis Vega, asegura que seguirán ofreciendo servicios gratuitos a pesar del recorte de la asignación especial que recibían

Sentado, frente a una larga mesa de madera, el escritor José Luis Vega se emociona como un niño al hablar de la palabra reguetón. El director de la Academia Puertorriqueña de la Lengua Española dice con orgullo que si hoy esta palabra está incorporada al diccionario de la Real Academia Española (RAE) es gracias al trabajo de la institución puertorriqueña.

“Tiene una definición preciosa y esa definición se hizo en esta mesa, con el trabajo de todos los académicos”, expresa con una sonrisa contagiosa. Acto seguido, toma su teléfono celular, abre la aplicación de la RAE y lee: “Reguetón. De reggaeton, término acuñado por el panameño M. Ellis en los años ochenta del siglo XX, y este del inglés ‘reggae’. Música de origen caribeño e influencia afroamericana, que se caracteriza por un estilo recitativo y un ritmo sincopado producido electrónicamente. Segunda acepción: Baile que se ejecuta al son del reguetón”. Luego de la lectura, viene la emoción: “La definición es idéntica a la que nosotros enviamos. ¡Eso salió de aquí!”, manifiesta soltando una carcajada juguetona.

 Hace un año esta palabra no estaba incluida en el principal diccionario de español. Fue un proceso que se logró con el trabajo ad honorem que realizan los académicos que laboran en esta institución.

Fundada en 1955 por iniciativa de Samuel R. Quiñones y José A. Balseiro, durante la incumbencia de Luis Muñoz Marín, la Academia Puertorriqueña es una de las más jóvenes de la Asociación de Academias de la Lengua Española, pero una de las más respetadas por la calidad del trabajo que ha producido, según José Luis Vega. Destaca el Tesoro lexicográfico del español de Puerto Rico, de las doctoras María Vaquero y Amparo Morales, que es el tercer tesoro lexicográfico existente en el mundo, y que desde el 2015 cuenta con su propia página electrónica. Gracias a ese trabajo, las personas alrededor del mundo puedan saber qué significa mofongo, pan sobao o pan de agua, entre otras palabras muy nuestras.

Algo que muchos desconocen es que la Academia Puertorriqueña es la que coordina muchos de los trabajos de la Asociación en las Antillas, entiéndase de Cuba y República Dominicana, que también tienen sus respectivas academias.

“Eso es un reconocimiento a la capacidad lexicográfica que la Academia Puertorriqueña ha demostrado”, dice el director.  Además, la institución ha sido pionera en muchos renglones. Fue la primera en tener una página electrónica -incluso antes que la española-, en tener una página de Facebook, y la primera en establecer una política de puertas abiertas, estableciendo una academia viva para maestros, estudiantes y el público en general.

“Nosotros hemos logrado mover la percepción de la Academia del ‘bendito, esa gente que el inglés se los va a comer, tenemos que ayudarlos a proteger el español’. Ya nosotros pasamos la página de ese argumento hasta adoptar, primero, una actitud de prestigiar el español antillano que nosotros hablamos, defenderlo, hacer que nos sintamos orgullosos del español de Puerto Rico. Y, en segundo lugar, hemos sido un modelo para el resto de las academias de América”, sostiene José Luis Vega.

A manera de ejemplo, recuerda que en el 2009 la Academia Puertorriqueña lanzó la revista semestral “Dilo” para ampliar la función divulgativa sobre los asuntos del idioma, particularmente los relacionados al español de Puerto Rico, la cual fue una novedad. “No hay nada parecido a esto en ninguna academia”, asegura sobre dicha publicación dirigida específicamente a estudiantes, maestros, comunicadores y profesionales del idioma. Otro proyecto que resalta son las cápsulas radiales “Español puertorriqueño ¡Atrévete y dilo!” y “El español nuestro de cada día”, que todavía se escuchan en algunas emisoras y que han sido imitadas en otros países.

Pero más allá de estas iniciativas, el trabajo grueso de la Academia Puertorriqueña es el científico, lingüístico, literario y filológico. Actualmente esta institución trabaja en la nueva edición del Diccionario de la Lengua Española, que se publicará solo en formato digital. “Ahora mismo se están revisando todas las palabras del diccionario que contienen la palabra hombre o mujer para quitarle todo matiz lastrado de género. Que si dice hombre ahora diga ser humano. Pues todo eso, revisar esas miles de palabras, lo hacemos las academias”, precisa el director de la institución puertorriqueña sobre la tarea que comparten con las otras 21 academias asociadas.

Otros asuntos en agenda son la preparación de la planta del Diccionario Fraseológico Panhispánico, la elaboración del Glosario de Términos Gramaticales y la nueva edición del Diccionario Panhispánico de Dudas.

Toda esta labor que lleva a cabo la Academia Puertorriqueña recae principalmente en los académicos José Luis Vega, Eduardo Forastieri, Maia Sherwood y María Inés Castro, quienes componen la Comisión Lingüística de Puerto Rico. Este grupo se encarga, entre otras cosas, de revisar cientos de definiciones y palabras que aparecen en el diccionario, proponer nuevos términos para ser incluidos, y consignar cómo determinadas palabras se usan en Puerto Rico. Luego está la Comisión de Filología, cuyo encargado es el doctor Forastieri.  La Junta de Directores la componen, además de Vega en la dirección, las doctoras Luce López-Baralt (vicepresidenta) y María Inés Castro (secretaria) y el historiador Gervasio García (tesorero). Todos trabajan sin recibir retribución económica alguna.

“Yo llevo aquí 20 y pico de años y no cobro un centavo”, asegura el director de la Academia Puertorriqueña. El único ingreso que recibía esta institución para gastos de funcionamiento eran $70,000 de una Resolución Conjunta de la Asamblea Legislativa, la cual le recortaron en su totalidad, según consta en el nuevo presupuesto.

Dicha asignación se había reducido de $100,000 que le fue asignada en el 2001, a $90,000 en el 2015, $70,000 en el 2016 y ahora nada. En el presupuesto que recomendó el Ejecutivo para este a año fiscal la institución se quedaba con $63,000, pero luego de las enmiendas que llevó a cabo la Asamblea Legislativa, ante las exigencias de la Junta de Supervisión Fiscal, se quedó en cero.

Estos fondos son los que le permiten a la institución funcionar con una infraestructura mínima, que incluye siete empleados que trabajan por contrato, entre ellos una administradora, una bibliotecaria a tiempo parcial, una coordinadora de actividades, un contable, un administrador de página web y otro de redes sociales y un conserje.

 Sin esta asignación la Academia Puertorriqueña se verá obligada a reducir gastos y aumentar los ingresos propios. “La paradoja es que los que tienen que hacer esa labor de generar ingresos pues es la Junta que precisamente trabaja ad honorem, lo que significa que es una carga adicional para una serie de personas que han estado dando horas importantes de su vida a Puerto Rico a través de la Academia, porque es un servicio que hacen al país”, apunta el director.

Agrega que desconoce cuáles fueron los criterios que utilizó la Legislatura para recortarle los fondos a unas entidades culturales y a otras no, pero que denota una gran insensibilidad a la labor que por seis décadas lleva realizando esta institución emblemática de carácter internacional. Precisa que existe un convenio multisectorial sobre la Asociación de Academias de la Lengua Española que, si bien Puerto Rico no lo ha firmado por no tener soberanía, lo había honrado, excepto en contadas ocasiones, como la actual.

El director de la Academia Puertorriqueña enfatiza que independientemente de esos fondos la institución seguirá funcionando, precisamente, porque el trabajo académico se hace sin retribución. Lo que se podría ver afectado son los servicios que proveen porque no tendrían a nadie que pueda, por ejemplo, atender a los estudiantes o visitantes que lleguen. Iniciativas como la revista “Dilo” o las cápsulas radiales, también tendrían que suspenderse por falta de fondos.

“Aunque nuestra academia no es de las ricas, hemos compensando eso con un prestigio por el trabajo que ha realizado en las últimas décadas. La pena sería que por limitaciones económicas no podamos mantener por lo menos el nivel que hemos tenido hasta este momento”, manifiesta José Luis Vega.

De todos modos, continuarán de la forma que puedan llevando diversas actividades, como son las visitas guiadas a grupos de estudiantes de escuela intermedia y superior durante los meses de agosto a octubre. También ofrecerán seminarios sabatinos para maestros libre de costo y seminarios para público general.

“La academia se ha convertido en un centro libre de enseñanza. Tenemos más de 15 mil seguidores en Facebook, así como una red de amigos que son personas que se han inscrito. Esa red después veremos qué le podemos dar y qué nos pueden dar a cambio económicamente porque nunca se les pide dinero porque la academia no quiere transmitir esa imagen de institución pedigüeña. De hecho, yo creo que el estado tiene un deber con la cultura de un país y apostar a la misma, pero yo creo también que las organizaciones culturales no pueden aspirar a depender exclusivamente de las dádivas del estado. Mientras más independientes alcancen a ser, más libres serán y más dueñas de sí mismas”, expresa.

 Pero al mismo tiempo, como dice, el estado tiene una responsabilidad. “Fundamental. Cómo vamos a pensar un país sin dos o tres museos importantes, sin una Orquesta Filarmónica, sin una actividad cultural, no solo para la población, sino también para los visitantes. Sin un país con habla española, sin una academia de la lengua digna. Porque cuando Puerto Rico va a las actividades académicas no es la Academia, es Puerto Rico. Somos representantes de Puerto Rico y Puerto Rico ha generado mucho respeto a través de su academia y eso hay que decirlo. Por ejemplo, todo el trabajo que conllevó el último CILE (Congreso Internacional de la Lengua Española) nosotros estuvimos a cargo durante más de un año de todo el trabajo académico y eso se hizo gratuitamente a base de trabajo nuestro y de trabajo de voluntarios. El gobierno -que se encargó de la logística- tenía su dinero, sus empleados y a su gente muy bien paga, pero yo fui secretario académico de ese congreso y todo eso fue una aportación de esta institución al país”.

¿Ha habido otras ocasiones en que la Academia ha pasado por una situación similar a la de ahora?

“Cuando Carlos Romero Barceló era gobernador y yo no era miembro de la Academia, la aportación creo se redujo a unos $4,000 anuales que no daban para nada.  Así estaba la Academia cuando yo asumí la dirección (en 1998). Y aquí estamos”.

¿Cómo cree que el estado percibe la cultura en la actualidad?

“Esta relación difícil entre la esfera cultural y la esfera política es común en todos los países, eso no es un problema nuestro. Una de las dificultades que hay en todas partes es hacer que la esfera política sea sensible a la esfera cultural. Yo creo que eso depende mucho del liderato político que exista en un momento determinado”.

¿Qué debería hacer Puerto Rico con las entidades culturales en estos momentos de crisis?

“Debería repensar la manera como tradicionalmente ha estado financiando la actividad cultural en el país porque la solución no es más dinero y más dinero para dárselo a todo el mundo y que haya más instituciones. La solución es tener un diseño inteligente de qué es lo que se quiere y ver cuáles son las instancias que requieren el apoyo adecuado para ir cumpliendo con ese diseño. Pero el modelo que hay ahora es un modelo de patronato político que es darle un poquito a muchos y el efecto no es tener contentos a muchos, es tener a muchos descontentos. Lo que no ha habido aquí es la voluntad política para repensar el modelo de financiamiento de la cultura. En un modelo como ese no hay manera de que una institución como laAcademia Puertorriqueña de la Lengua no reciba por lo menos un apoyo parcial para ayudarla a desempeñar su misión”.

 ¿No cree que esa falta de apoyo también se deba al desconocimiento que se tiene sobre el trabajo que hace la Academia?

“Puede que sí, que haya un desconocimiento. Pero por las mismas limitaciones de recursos la Academia no puede llevar una campaña continua de promoción y difusión de sus trabajos porque para eso también se requiere recursos. Hay unos estereotipos de lo que son las Academias de la Lengua, que son unas torres de marfil, unos puristas que nos quieren decir cómo tenemos que hablar y eso es absolutamente falso. El trabajo de las academias es bastante incomprendido en ese sentido, pero todo el mundo está pendiente de lo que dicen las academias. Hay unos estereotipos que no corresponden a la realidad y los gobiernos de los países hispanohablantes tienen que estar conscientes de la importancia de fortalecer sus academias nacionales porque de lo contrario están fortaleciendo la hegemonía de la Academia Española en los asuntos del idioma”.

A pesar de todos los recortes, ¿ustedes van a continuar?

“Vamos a seguir siendo una academia de puertas abiertas, continuar las actividades, presentaciones de libros, seguiremos recibiendo estudiantes y maestros y vamos a mantener la comunicación con ellos por Facebook. Vamos a continuar dándole al gobierno y dándole a la población porque nosotros, por ejemplo, tenemos un servicio de consultas lingüísticas y ahí atendemos consultas de legisladores, de jueces. Hemos recibido consultas hasta del Ejército sobre cómo se dicen los rangos en español. Son asuntos que hemos atendido, y cada consulta lingüística, requiere recibirla y hacer una investigación porque no puedes contestar de acuerdo a lo que te parece. Eso lo hacemos gratuitamente y con mucho gusto. Y lo seguiremos haciendo”.

Publicado en : El Nuevo Día

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